viernes, agosto 17, 2007

Anna Ajmatova, una poeta en San Petersburgo

A principios de mes, durante el viaje de regreso después de pasar unas cortas vacaciones con la familia, leí en el periódico El Mundo “una historia triste y melancólica” sobre una “mujer que escribió de sus pérdidas y de las de una ciudad que se amoldaba como un guante a su espíritu extremadamente sensible”. Esta historia, escrita por Raúl Rivero me hizo llorar y ahora he encontrado un momento para recomendar su lectura.

Como complemento un poco de sus vivencias:
Anna Andréyevna Gorenko nació el 23 de junio de 1889 en Odessa en el seno de una noble familia de origen tártaro. Estudió latín, historia y literatura en Kiev y en San Petersburgo. Allí se casó con Nikolái Gumiliov en 1910 con quien viajó por Italia y Francia. Este poeta, a quien conoció en 1903 y de quien se divorció en 1918 ( años más tarde sería fusilado en la Rusia comunista por sus convicciones monárquicas) fue el promotor del acmeísmo, corriente poética que se sumaba al renacimiento intelectual de Rusia a principios del siglo XX en oposición al simbolismo, preconizaba el uso de un lenguaje poético que contuviera significados exactos. En 1912 nació su único hijo, Lev. Cambió su nombre de familia cuando empezó a escribir y tomó de sus ancestros maternos el de Ajmátova, descendientes al parecer del Khan Ajmat, el último príncipe tártaro de la Horda de Oro. Esta fantasía genealógica coincide con el fondo indómito, áspero y apasionado de su temperamento. Pero su formación, como todo poeta ruso, la recibe de Pushkin: esa escuela de sobria alegría, elegancia y humanidad. Si a esta primera y doble vertiente de su sensibilidad añadimos la resonancia grave y melancólica de los versos de Blok y de Annensky, la huella dostoyevskiana de la prosa rusa del siglo XIX y la clásica claridad de los acmeístas, tendremos una imagen del linaje poético de “Ana de todas las Rusias”. Lectora incansable, leía en sus lenguas originales a Baudelaire, Dante, Horacio y Shakespeare. Las primeras composiciones líricas de Ajmátova, Atardecer (1912) y El rosario (1914) utilizan imágenes concretas para presentar detalles íntimos. Las obras posteriores, como Anno domini MXMXXI (1922 ), introdujeron temas patrióticos, pero no apaciguaron a los críticos soviéticos, que consideraban a los acmeístas demasiado personalistas. Los primeros escritos parecen intuir la gran soledad en la que se verá sumergida años más tarde, después de las trágicas consecuencias de la revolución rusa de 1917. Tras ésta Anna y su familia se verán afectados ya que en 1921 su marido fue acusado de conspiración y fusilado. Más tarde, su hijo será también arrestado y deportado a Siberia. Y por último, su amigo e historiador de arte, Nikolai Punin, moriría de agotamiento en un campo de concentración en 1938. Durante muchos años fue silenciada por el régimen soviético. Sus poemas se prohibieron, fue acusada de traición y deportada. A su regreso a Leningrado, en 1944, produjo su obra más importante, "Requiem", la cual no se publicó en la antigua URSS hasta 1987, ya que por su temática, una elegía por los prisioneros de Stalin, fue considerado demasiado polémico. No obstante esta obra fue publicada sin su consentimiento y conocimiento en 1963 en Munich. Durante la última década de su vida escribió varios poemas caracterizados por la gran belleza de su imaginería visual. Entre ellos está su autobiográfico Poema sin héroe (1962).
En 1922 el amor retorna a su vida y se casa con el orientalista Chileiko, pero no sería el amor definitivo. Anna vuelve a casarse por tercera vez, esta vez con un historiador de arte llamado Punin. En 1941 es detenida en Tashkent, y la separan de su único hijo, Lev, quien es deportado.
En 1942 empieza a escribir Poema sin Héroe, su última obra, que concluirá en 1962. Regresa a Leningrado en 1944. En 1945 el joven intelectual británico Isaiah Berlin quiso visitarla antes de regresar a Londres. Ese encuentro se prolongó durante veinte horas donde Anna le leyó sus poemas y se sinceró con él, pero esto tuvo trágicas consecuencias ya que su hijo volvió a ser encarcelado durante diez años. En 1946 es expulsada de la Unión de Escritores Soviéticos. Es rehabilitada en 1955, durante el periodo en que empezó a ablandarse un poco el hielo soviético.
En 1964, siendo Nikita Kruschev secretario general del Partido Comunista, es revalorada y asume la presidencia de la Sociedad de Escritores, al mismo tiempo que le devuelven a su hijo. Durante el siguiente año recibe el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Oxford a donde se traslada para recibirlo. A su regreso a la URSS, muere de un ataque cardiaco fulminante, a los 77 años en un sanatorio de las afueras de Moscú y es enterrada en Komarovo. Su obra, traducida a un sinnúmero de lenguas, sólo aparecerá íntegra en Rusia en 1990.

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1 comentario:

Caleidoscopius dijo...

Creo que no se ha conocido poeta o poetisa que no fuera melancólica, va con ello.
Muxus