lunes, junio 25, 2007

La "responsarbolidad"

La responsarbolidad es un neologismo que responde al reto de nuestro tiempo: la sostenibilidad ecológica basada en el uso inteligente de los recursos y la biofilia o veneración y estima por la vida.


Jordi Bigues, periodista y ecologista, autor del libro "Responsarbolidad" ha indicado en una entrevista realizada por José Luis Segura lo siguiente:


...Los bosques guardan unos valores hasta hace poco desconsiderados: la capacidad de almacenar carbono cuya existencia atmosférica como dióxido de carbono es uno de los Gases de Efecto Invernadero. Plantar árboles y usar inteligentemente los recursos forestales es una prioridad. La plantación de árboles debe tener compensaciones fiscales, normativas. Debemos ser capaces de estimular la plantación de árboles, ya que la madera es el mejor material, renovable, frente a cualquier otra opción de recursos no renovables, algunos muy valiosos, como el petróleo, el hierro, el aluminio…

...Para evitar la reducción del patrimonio forestal mundial, cada humano debería plantar cuatro árboles; para compensar el consumo de papel, dos árboles por año; para compensar el consumo de leña, uno cada diez años; y para compensar el consumo de madera, uno cada cuatro años. De esta manera, para los que han perdido el hilo, dentro de veinte años podemos tener 52 árboles maderables: todo un capital.
Si queremos compensar las emisiones de CO2, las 7,5 toneladas por persona y año que nos corresponden, deberemos plantar 1.475 árboles. Aunque quizá es un esfuerzo grande para cualquiera, permite dimensionar el impacto real de las emisiones de los Gases de Efecto Invernadero.


He leído en infoecología.com que según un estudio del Ministerio de Medio Ambiente, el 90,48 por ciento del territorio canario presenta un riesgo de desertización alto o muy alto. Otro estudio de la Universidad de La Laguna confirma que más del 50 por ciento del suelo canario ya está degradado biológicamente, y por ello se considera irrecuperable.


En el artículo publicado se indica que hace poco más de 500 años, el 60 por ciento de la isla de Gran Canaria estaba cubierta de bosques. En la actualidad, lo que queda de esta masa arbórea es sólo un 9 por ciento. El dato de la pérdida de masa forestal hay que sumarlo a otros indicadores un tanto preocupantes.


También el citado artículo recoge que otro estudio de la Universidad de La Laguna confirma que más del 50 por ciento del suelo canario ya está degradado biológicamente, y por ello se considera irrecuperable. Este cóctel de cifras adquiere un sabor más amargo al partir de la base de que Canarias es uno de los ‘puntos calientes’ del planeta en lo que se refiere a su biodiversidad. De hecho, el Archipiélago posee más del 50 por ciento de los endemismos vegetales de España con sólo un 1,5 por ciento de la superficie del territorio nacional. A estos datos hay que añadir que un 70 por ciento de la superficie de Tenerife y el 90 por ciento de la de Gran Canaria son suelo privado. La legislación actual impide que la Administración Pública actúe en estos espacios, por lo que se hace necesaria la búsqueda de fórmulas para conseguir reforestar terreno.

A este respecto, tenemos en Canarias una fundación privada, denominada Fundación Canaria para la Reforestación (Foresta) que desde su creación en 1998 lleva reforestadas 237 hectáreas por toda Canarias, pero no es suficiente.


Las administraciones públicas españolas deben potenciar más actuaciones de recuperación de nuestra masa forestal perdida y más campañas de concienciación sobre los beneficios que nos reportan los árboles.


A este respecto es de resaltar que un banco urbano de exterior es el primer producto que ha obtenido el distintivo de responsabilidad que se otorga a quien calcula, reduce y compensa el impacto ambiental de su fabricación. Sentarse con los árboles es el nombre con el que el arquitecto aragonés Carlos Martín La Moneda ha bautizado al banco. El banco dispone de una cavidad que permite proteger el crecimiento de un árbol. Está concebido como un experimento de conciencia, una reflexión sobre la soledad humana, el encuentro y la gratitud.


Naciones Unidas ha propuesto plantar durante 2007 un mínimo de 1.000 millones de árboles en todo el mundo para frenar el cambio climático. Las emisiones de dióxido de carbono son absorbidas por la vegetación convirtiéndolas en depósitos de carbono (madera y raíces). Además, los árboles favorecen la lluvia, son un paraguas para la biodiversidad ya que la mitad de los seres vivos están bajo su copa y evitan la erosión de las lluvias a la vez que son auténticos depósitos de agua.

3 comentarios:

El mendigo dijo...

Llevamos siglos, milenios obteniendo energía a base quemar cadenas de carbono (madera, carbón, petróleo...) y vertiendo como producto de la reacción CO2 a la atmósfera.

Desde la Revolución Industrial estamos volcando más CO2 a la atmósfera del que es capaz de asumir sin perder el equilibrio.

Para dar la vuelta a esa reacción y fijar todo ese CO2 atmosférico extra necesitamos más energía (entropía positiva) de la que obtuvimos al liberarlo.

¿De dónde sacamos esa monstruosidad de energía si, además, no podemos hacerlo quemando más cosas?

Únicamente del Sol.

¿Y qué factoría es capaz de semejante logro?

Los bosques (en verdad, todo organismo que sea capaz de realizar la fotosíntesis, desde un chopo al fitoplancton).

Me parece un asunto crucial, no sólo detener la deforestación que afecta a medio mundo, sino invertir el proceso y convertir el reforestación (atendiendo a criterios medioambientales) en una cuestión de emergencia mundial.

No sólo como sumidero de CO2, pero esa es su función más urgente.

Por cierto, si le quieres echar un vistazo a ésto:
Incendios Forestales

marialob dijo...

Gracias mendiguiño por dejar en mi blog esas estupendas reflexiones. Un vínculo muy interesante el que has indicado.
Saludos

El mendigo dijo...

Gracias María.

Esa página la hice un día de rabieta, después de ver cómo ardían los árboles que había plantado por cuarta vez en 12 años. La misma parcela. Cada dos o tres años hay un incendio en el pueblo.

No voy a decir que sean como hijos, pero ver el cerezo que el año antes estabas regando, con toda la ilusión (y un punto de gula, pensando en cuando diera cerezas)...convertido en un tronquito carbonizado. Los castaños con la tela plástica para protegerlos de los jabalíes derretida y pegada al tronco. Nogales, un par de higueras...todo ceniza. Ver arder una y otra vez los árboles que has plantado el año anterior es descorazonador.

Así que si es por plantar árboles, creo que he cubierto mi cupo para toda la vida. Me siento muy orgulloso de los callos que me salieron quitando zarzas, cavando, regando...

Pero ya no vuelvo a plantar un árbol más. No para que acabe sirviendo de combustible para el consabido incendio estival.